miércoles, 25 de mayo de 2011

SOBRE LIBERTAD DE CÁTEDRA

Hace poco debatí con un estudiante sobre las formas y procederes de algunos docentes de la universidad. Él satanizaba la libertad de cátedra según lo percibí, por tratarse de un sistema que se presta para el abuso del poder por parte de los docentes universitarios, así que decidí tomarme un tiempo para escribir sobre ello.
La libertad de cátedra habilita al docente universitario para enseñar y debatir sin verse limitado por doctrinas instituidas.
El presupuesto de la libertad de cátedra es la autonomía universitaria, que implica que el docente universitario lo es por su capacidad y manejo de la materia asignada para dictar.
Así, tenemos que la libertad de cátedra, se aplica al nivel universitario por cuanto en los niveles de educación básica, media y diversificada, el papel del docente está determinado por los planes de estudio establecidos por la autoridad competente, cosa que no sucede, a rajatabla, en materia de educación superior.

La libertad de cátedra implica
:
1. La institución no puede imponer al profesor la obligatoriedad de un método de enseñanza, se debe otorgar al docente universitario la posibilidad de expresar las ideas y convicciones que el mismo asume
como propias, en relación a la materia objeto de ense­ñanza.
2. No puede ser sometida la actividad docente a una previa censura, puesto que esto iría, evidentemente en contra de esa libertad que va determinada por principios y valores que posee el docente.
3. El profesor universitario puede determinar, de forma libre el con
tenido de las enseñanzas así como el método de expo­sición a utilizar. Esto sin perjuicio para el centro educativo de establecer políticas de orientación peda­gógica. Pero esa potestad debe ser compatible con la libertad del profesor, de tal forma que no quede anulada.
El problema de la autonomía o libertad de cátedra se presenta cuando el alumno siente cercenada su dignidad. En muchas ocasiones se reciben quejas de maltratos verbales por parte del docente, inclusive yo, sin tener la intención de vejar la dignidad del alumno he proferido palabras que pueden ser interpretadas como insultantes, o hirientes; y estas quejas no deben dejarse pasar en nombre la libertad de cátedra, deben ser abordadas y solventadas.
Al respecto quizá lo que debe especificarse es que sobre la libertad de cátedra deben prelar dos principios: en primer lugar el respeto de la dignidad humana, puesto que la posición docente, si bien implica una superioridad académica, no te hace superior como persona a quien estás enseñando, y en segundo lugar, los cánones establecidos como mínimos en el pensum de estudio de la carrera, referidos a la materia a dictar, por cuanto es el criterio estipulado por las autoridades en cuanto al contenido mínimo que debe manejar todo profesional al recibir el título académico de la carrera respectiva.

La libertad de cátedra nos otorga posibilidades de corrección, instrucción, sanción, así como decidir la forma apropiada de evaluación. Muchas de ellas a veces chocarán con los modelos de conducta que tienen los alumnos quienes son más idealistas y pasionales respecto al ejercicio de sus derechos, y creen que la libertad del profesor atropella su dignidad, por lo cual es necesario establecer los límites al ejercicio de la libertad de cátedra a la hora de considerar que la misma ha cruzado la delgada línea de la potestad correctiva-sancionadora y se ubica dentro del abuso-vejamen del derecho ajeno, por cuanto, no todas las situaciones ameritan pasividad del docente ante la conducta inapropiada del alumno, así como todas las situaciones no implican que se esté cercenando el derecho del estudiante a un trato digno, o no todas las actitudes correctivas del docente son amparadas por su libertad de cátedra, por lo que no debe permitírsele caer en el ámbito del insulto o degradación de la condición del alumno.
A la hora de sancionar una conducta inapropiada del docente, es necesaria la imparcialidad y capacidad del órgano decisor, que le otorgue confianza al estudiante sobre la protección de sus derechos, pues el estudiante suele temer a la denuncia por considerar que el profesor va a estar siempre amparado por la institución; y debe ser capaz de otorgar garantías al docente sobre el ejercicio de su labor conforme a la libertad de cátedra, pero que, con propiedad sea capaz de sancionar los excesos de parte de quien en condición de superioridad, abuse de la misma para cometer actos que degraden la dignidad del ser humano, entendiendo que en el ámbito de la docencia, la actividad en sí puede estar imbuida de un alto grado de subjetividad, por cuanto una palabra mal interpretada puede prestarse para una queja sin fundamento.
Creo que lo principal es el respeto, el profesor capaz debe ser respetuoso con sus pupilos, pero ellos deben comprender que la figura del profesor universitario lleva consigo una carga que implica el deber de respetarlo y escucharle, por cuanto, si bien las nuevas corrientes abogan por una preparación pedagógica de todo docente universitario, el criterio primordial que lo hace merecedor de esa posición no es su capacidad pedagógica, sino el conocimiento que tiene sobre la materia que imparte.
Al respecto podré decir, que mi mejor profesor durante la carrera de derecho, no era ortodoxo en su métodos de enseñanza, no dudaba en gritar o reprimir cuando era necesario, detestaba que sus alumnos tomaran apuntes, pues decía que estábamos ahí para oír y luego complementar con los libros de la bibliografía, en los exámenes orales bastaba con una pregunta, porque el que había estudiado salía bien con una o mil preguntas, y le molestaban los estudiantes que se limitaban a calentar el pupitre durante la clase. Sobre esto es importante recordar que el profesor universitario nos prepara para la realidad profesional, plagada de injusticias y momentos duros que no podemos asumir si no tenemos un carácter forjado, si no aprendemos a sobreponernos a los momentos difíciles, si no aprendemos a levantarnos ante algo que nos hiere o duele para afrontar la realidad, y eso a veces es más importante que criterios pedagógicos.

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