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SOBRE FANATISMO

Cuando dejamos de concebir la posibilidad de que exista una persona que pueda tener una verdad, y que la misma sea diferente a la nuestra, empezamos a caer en ese umbral de la intolerancia que tanto daño hace a las relaciones humanas. Normalmente el fanatismo se centra en esta idea primordial que se arraiga en los seres humanos de no concebir verdades distintas a las propias y que lleva al fanático a cometer actos que justifica su creencia sesgada, pero que socava los principales postulados del derecho natural.

El fanático considera sus creencias fundamentales, y a su vez desconoce la esencia humana del otro, y su postura siempre se decanta en la humillación del otro, la descalificación, así como desconocer verdades materiales que suceden ante sus ojos; y son circunstancias comunes a todo tipo de fanático, así, el fanático deportivo puede llegar a cometer actos bandálicos como los registrados a nombre de los hooligans ingleses; el fanatismo religioso conlleva a la comisión de actos como el inmolarse en aras de la salvación eterna y, el fanatismo político puede causar guerras y exterminio de seres humanos, en general, actos que no respetan la existencia de seres humanos iguales con los mismos derechos.

Pero, cabe preguntarse, ¿es natural al ser humano ser fanático de algo/alguien?, yo considero que los niveles de fanatismo varían de conformidad con factores psico-culturales, en conjunción con los aspectos atinentes al grado de conocimientos que tiene la persona, pero de alguna manera se presenta casi siempre una tendencia a idealizar determinadas cosas o situaciones, que van desde las preferencias musicales, hasta la religión y la política.

Así tenemos que nuestro artista preferido es el mejor de todos y los demás no hacen buena música, o que nuestro equipo de fútbol no tiene comparación alguna con otro en el planeta. Pero el ser seguidor de algo o alguien no implica necesariamente el fanatismo como tendencia radical que no concibe la posibilidad de la contradicción de las ideas.

El fanatismo implica la concepción de verdades basadas en dogmas injustificados en la razón, académica o de cualquier otra índole, se abstrae de la lógica y por sobre todas las cosas, ignora la esencia del ser humano, no ve un ser humano en el contrario, simplemente ve un enemigo al que debe eliminar para poder satisfacer sus creencias.

Cuando se está en presencia de un fanático, las conversaciones para tratar de convencerlo resultan inútiles porque su punto de vista no tiene parangón, no existe algo distinto a lo que él ve y las razones esbozadas por otra persona simplemente van a alimentar el sentimiento que fundamenta su posición radical, ya que no habrán razones válidas que ayuden a superar de un momento a otro la posición extrema que se ha adjudicado dentro de la sociedad.

Cuando se idealiza, por ejemplo, la figura de un líder político, al extremo de rendirle pleitesía y concebirlo como un ser humano perfecto, inclusive enviado por los dioses (o por dios), y se le irrogan cualidades extraordinarias que no conciben la posibilidad de ser engañados o burlados por el personaje en cuestión, siendo capaces inclusive de montar altares en su honor, el ser humano se aleja de la realidad terrenal, en la que todos somos iguales en esencia, y podemos morir de las mismas maneras. Cuando esto sucede, las alarmas deben encenderse en la sociedad por cuanto, quien detenta esa posición "divina", está creando una especie de ejército dispuesto a realizar cualquier acto en defensa de sus intereses personales, y llegar a ocasionar daños irreparables en la sociedad...

No debemos esperar que nuevos holocaustos se repitan, ni revoluciones tan sangrientas como la China o la Rusa. Necesitamos inculcar en el ser humano valores que impidan que deje de ver a sus semejantes como contrarios, como enemigos, y empiecen a concebir la posibilidad de existencia de diferencias subsanables en la única verdad existente, esta es, que nadie tiene la verdad en sus manos, no hay verdades absolutas.

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